Ocurrió después de un juego entre los llamados eternos rivales.
Los jugadores importados en las décadas del 50,60 y `70 cuando no daban la talla productiva eran calificados por Max Reynoso en su “Me lo dijo Adela” de GMC (Grande Malo y Caro) y Max Álvarez en Frente al Estadio lo montaba en un cohete y “swiiiiing a la luna”.
Hoy la contratación de jugadores importados llega y se marchan sin pena ni gloria como sucedió con Kenny Vargas, Toros del Este, que fue el primer graduado del torneo 2024-25. El jugador boricua tenía su promedio de bateo en .172, en ocho juegos jugados.
Un licenciamiento de impacto en la Liga Dominicana ocurrió después de un juego de los eternos rivales y Willie McCovey, del Escogido, fue el responsable de que don Cuso García, presidente de los Tigres de Licey, licenciara al lanzador Bob Gibson.
El 2 de diciembre de 1958, en un choque de los eternos rivales, el inicialista de los melenudos, McCovey, mandó la esférica a los pinos que estaban detrás de la verja del prado derecho del Estadio Trujillo con un corredor en circulación ante una recta de Gibson.
Este tablazo de McCovey fue determinante para que el Escogido derrotara 5-2 al Licey. Cuando McCovey terminó de recorrer las bases, el mánager del Licey, Joe Schultz, cruzó la línea de cal de tercera a home, y con la toalla en las manos envió a la ducha a Gibson. O sea que el batazo no sólo decretó la salida de juego de Gibson, sino que, en la oficina, Cuso García le preparaba su diploma de licenciado. Esta fue la última actuación de Gibson en el torneo, que terminó con récord de 2-6, 5.00 de efectividad, laboró en 11 juegos, 45 innings, 25 carreras limpias, 50 hits permitidos, 55 bases por bolas y 35 ponches.
En 1959, el 15 de abril, Gibson debutó en las Grandes Ligas ante los Dodgers de Los Ángeles. En 17 años en el Big Show su registro de por vida fue de 251 victorias, 174 derrotas y 2.91 de efectividad. Fue inmortalizado en el Salón de la Fama de Cooperstown en 1981.
El 26 de septiembre de 1886 se jugó el primer partido de pelota en la historia de la República Dominicana, y fue en San Pedro de Macorís.
Los encargados de traer este amado deporte a nuestro país llegaron desde Cuba, en un buque llamado María Herrera, que vino en busca de azúcar a los ingenios de Colón y Angelina.
El béisbol ya era una verdadera pasión en Cuba, donde fue introducido por unos marineros estadounidenses en 1866. Resultó que los dueños de los ingenios azucareros Colón y Angelina eran Juan Fernández Castro y Juan A. Amechazurra, también cubanos. Por ello, accedieron a que se disputara ese histórico juego entre dos equipos llamados Santiago de Cuba y Angelina.
La victoria fue para Angelina, con el lanzador Alfonso Monzán como la primera estrella de nuestro béisbol.
Al regresar a Cuba, los miembros de la expedición del María Herrera dejaron en San Pedro de Macorís los guantes, bates y otros utensilios de juego, lo que permitió a los habitantes locales seguir practicando este deporte.
En Santo Domingo, los precursores también fueron cubanos, en este caso dos hermanos propietarios de una herrería en la calle Mercedes llamados Ignacio y Ubaldo Alomá. Ambos fundaron dos equipos llamados Cauto (el río más largo de Cuba) y Cervecería en la última década del siglo XIX.
Así fue como se inició nuestra historia de amor incondicional por el béisbol.
El conjunto cambió a su color actual, pero comenzó con el de otro rival.El Licey comenzó su incursión en la pelota dominicana con un color distinto al azul.
Este año la temporada de Grandes Ligas fue una pasarela de uniformes, unos bien vistosos y otros muy dudosos, pero, en fin, en esa amalgama se busca romper con la tradición y revolucionar el atuendo de los jugadores.
Aunque usted no lo crea, y esta no es la pregunta de Ripley, el “Amarillo” fue el primer color de los Tigres del Licey.
Cuando nacen los “Capitaleños de los Escogidos” el 16 de febrero de 1921, era con la finalidad de enfrentar a los “Amarillos de Licey”. Esa rivalidad aún es parte de nuestro pasatiempo favorito, ahora con los Rojos piloteados por Albert Pujols y los Añiles por Gilbert Gómez.
En un afán por derrotar a los Amarillos, el color del Licey para esa época, San Carlos, Delco Light y Los Muchachos, tres conjuntos de categoría B unieron sus fuerzas. Así nació el equipo Los Capitaleños de los Escogidos, que el 4 de abril del 1921, usó por primera vez el calificativo de Leones.
En la Columna Deportes, del Listín Diario del 29 de abril del 1921, publica los líderes de bateo de la serie que efectuaban frente al Licey, que incluye a los doce jugadores originales de los Capitaleños. Ellos son: Mateo de la Rosa, Manuel Mella, Manuel E. Castillo, René Velázquez, José A. Sabino, Armando Aquino, Amable Reyes, Diógenes Lara, Eduardo Vargas, Raúl A. Fernández, Rafael “Fellito” Guerra y Buraño Hernández.
El primer partido, el domingo 20 de febrero del 1921, en el Gimnasio Escolar, se inició la primera serie entre estas novenas, resultando una victoria para el Licey en duelo de pitcheo entre Fellito Guerra y Enrique ” El Indio Bravo” Hernández, el pitcher ganador.
Licey ganó los primeros tres encuentros de dicha confrontación, los Capitaleños los siguientes cuatro, con Licey logrando el último partido.
Una línea amarilla no enterrará la tradición de recordar los batazos del “Príncipe Azul”, Alonso Perry; “El “Matatán Azul”, Henry Rodríguez y “El Caballo Azul”, Juan Francisco. El restaurant Mario, de Joe Chez, cuando estaba al lado de la Farmacia Esmeralda frente al parque Independencia tenía su “Salón Azul”.
Ya estamos en Pelota y este campeonato que arrancará el 16 de octubre, pinta que la competencia será bien difícil Talúa o como diría el Rey del Trending Franklin Mirabal “Quítense del medio…Que ahí vienen los Tigres del Licey”.
Se convierte tanto en el primer jugador en la historia de la MLB como en los Angeles Dodgers en lograr la mítica racha de 50-50 (50 homeruns y 50 bases robadas) en esta temporada.
Kendry Morales, Robinson Díaz, Andy Marte, Fernando Tatis Jr han sido de los más productivos entre los primeros escogidos en el sorteo de la Liga de Béisbol.
La historia de los desaciertos en los primeros picks comenzó en la entrega inicial, hace ya 22 años, de las escogencias en el sorteo de novatos del draft de novatos que realiza la Liga Dominicana de Béisbol.
Albert Pujols, el futuro inmortal dominicano, fue el primer seleccionado por los Gigantes del Cibao, pero nunca se colocó la camiseta de este conjunto y solo vino a accionar en el torneo invernal 2021-22, pasando 19 años después, ya en la postrimería de su carrera.
Con él, un vendaval de nóveles han disfrutado del honor de ser el primer escogido, empero en la mayoría de los casos su historia ha sido efímera o nula en cuanto a los aportes realizados a esas franquicias que los distinguen con tan halagador momento.
De hecho, son más los desaciertos que los aciertos, al menos tratándose de estos casos en que en cada sorteo se convierte en una especie de “comidilla” ante las expectativas de los miles de simpatizantes.
Junto con Pujols, quien apenas agotó 61 turnos y bateó para .246 con un jonrón y seis producidas con el Escogido en el 2021-22, el mismo conjunto que comandará a partir de este 16 de octubre, son muchos los casos casi idénticos al del bateador de 703 vuelacercas en Grandes Ligas.
Pedro Álvarez nunca vistió la camiseta de las Estrellas tras convertirlo en la primera selección en 2009; Adalberto Mondesí, la primera escogencia del Licey en el sorteo del 2013 solo ha accionado tres campañas con ese club, siendo sus 30 turnos en el 2016-17 su mayor cantidad; Manuel Margot (2014, Toros), Rafael Devers (2015, Escogido); Eloy Jiménez (Gigantes, 2016); Wander Franco (Gigantes 2019) han dejado ver poco sus rostros por la pelota dominicana. Junior Caminero, quien solo el año pasado vistió el uniforme de los melenudos ya anunció que no jugará este año.
Otros como el propio Franco, Vidal Brujan (Toros 2018), Marco Luciano Estrellas 2021) y Adael Amador (Toros 2022) ya incluso cambiaron de camisetas, el último sin vestir el uniforme naranja.
Kendry Morales primer escogido por los Gigantes en el 2006 registró con ese club campañas de 11 y 8 vuelacercas en 2006-07 y 2008-09. Tuvo jornadas de 35 y 29 empujadas. Robinson Díaz, escogido en 2004, tuvo magníficos registros, pero más con los Nordestanos y participó en 13 estaciones, la mayoría con los Gigantes. El fenecido Andy Marte registra un caso extraño, pues ya había accionado en un partido cuando los Toros elevaron una instancia de que nunca había sido sometido al draft y lo escogieron en el 2003, tuvo varias campañas productivas.
Fernando Tatis Jr. fue gran soporte en la corona alcanzada por las Estrellas en el 2018-19. A pesar de ser un Todos Estrellas, ha actuado varias veces con este conjunto.
Humberto Mariles muestra con su historia cómo un héroe olímpico de México pasó de la gloria deportiva a un trágico final en prisión.
Miles de jóvenes de todo el mundo se preparan con dedicación para representar a sus países en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, soñando con obtener una medalla que los catapulte al reconocimiento. Sin embargo, detrás de los triunfos deportivos, hay vidas personales llenas giros inesperados como la de un atleta de México que hoy sigue dando de que hablar.
Humberto Mariles, un militar mexicano que no solo alcanzó la cima del éxito en la equitación al ganar dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, sino que también vivió una vida marcada por controversias que lo llevaron a un trágico final en una prisión en París. Su historia refleja cómo el destino de los atletas puede tomar caminos insospechados, alejándose de los sueños olímpicos para enfrentarse a realidades mucho más complejas y oscuras.
¿Quién fue Humberto Mariles, el primer medallista olímpico de México? Esta leyenda deportiva nacida en Chihuahua en 1913, dejó una marca imborrable en el deporte mexicano al convertirse en el primer atleta de su país en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. Desde joven, mostró un gran talento para la equitación, lo que lo inspiró para inscribirse en el Heroico Colegio Militar, donde perfeccionó sus habilidades y se destacó como un jinete excepcional. Su determinación y liderazgo lo llevaron a triunfar en competencias nacionales e internacionales, consolidando su reputación.
Estos triunfos no solo lo inmortalizaron en la historia del deporte mexicano, sino que también inspiraron a futuras generaciones a aspirar a la grandeza olímpica. Sin embargo, tras sus éxitos deportivos, su vida tomó un giro inesperado, marcado por controversias legales y una trágica muerte en una prisión en París, acusado de vínculos con el narcotráfico. Su historia es un recordatorio de que la vida de los héroes deportivos puede ser mucho más compleja de lo que parece.
Los Juegos Olímpicos de la Antigüedad eran un evento exclusivamente masculino y las mujeres tenían vedada su presencia, ya fuera como deportistas, ya como espectadoras; al menos las gynaikes (mujeres casadas), pues Pausanias parece indicar que las parthenai (jóvenes solteras) sí podían estar en las gradas. Sin embargo, las espartanas gozaban de mayor libertad y, al igual que su educación incluía una parte física, también hubo casos de participación en los juegos. La primera en obtener una victoria fue la princesa Cinisca, en las carreras de cuadrigas, aunque no de la forma que podríamos pensar.
Antes de nada hay que aclarar esa marginación femenina, resultado de una concepción social patriarcal extendida por toda Grecia, tal como refleja la literatura homérica. Esa situación era general; la mujer carecía de ciudadanía y por tanto de derechos civiles: propiedad, voto y herencia, siendo su función la de tener hijos y cuidar la casa, donde había un espacio exclusivo para ella y las sirvientas llamado gineceo. Además, determinados factores como la edad, el estado civil y la clase social también influían, pues, paradójicamente, las jóvenes y las de origen humilde no estaban sometidas a tanto rigor.
Se daba así la circunstancia de que, en el mundo grecorromano, las mujeres gozaban de un estatus peor que en el de otras civilizaciones antiguas, caso de la egipcia. Ahora bien, conviene tener en cuenta que esta visión se basa sobre todo en las referencias documentales y que éstas se refieren mayoritariamente a Atenas, por lo que no es descartable que en otras polis no fuera algo tan extremo. En ese sentido, probablemente muchos lectores se sorprendan de saber que Esparta, a pesar del rigor de su sociedad, constituía una marcada excepción para las féminas, que sí podían heredar bienes y administrar la economía familiar.
Las niñas espartanas eran educadas con los mismos objetivos que las otras griegas, pero mediante un sistema diferente porque se consideraba que la actividad física era importante para crecer con vigor y salud. La agogé (sistema educativo estatal) las excluía de la formación militar y permitía que fueran enseñadas en su propio hogar, pero exigiéndoles la práctica de ejercicios atléticos que endurecieran sus cuerpos y redujeran el sentimentalismo, considerado secundario ante la consideración matrimonial como herramienta de fabricación de descendencia.
Así, las chicas espartanas vestían un peplos abierto por los lados que suscitaba burlas entre otras helenas, especialmente las atenienses, que las llamaban despectivamente fainomérides («las que enseñan los muslos»). Claro que peor era en las fiestas y ceremonias religiosas, a las que iban desnudas. Tampoco llevaban ropa, al igual que los griegos en general, al practicar deportes: pruebas gimnásticas, de lucha, etc. Por supuesto, dichas prácticas no pasaban del ámbito educativo y jamás llegaban al del espectáculo deportivo.
De hecho, decíamos antes, las mujeres no pudieron tomar parte en los Juegos Olímpicos durante siglos. Tuvieron que esperar unos doscientos años para, en el siglo VI a.C., poder competir en un evento creado por y para ellas mismas (y, aquí sí, lo hacían vestidas con una túnica corta). Fueron los Juegos Hereos, cuya fundación se atribuye legendariamente a Hipodamía, un personaje a medio camino entre la realidad y la mitología que pretendía honrar a la diosa Hera (de ahí su nombre) por ayudar a Pélope, su marido, a ganar una carrera de carros a su padre, consiguiendo así su mano.
El hallazgo de una serie de inscripciones y estatuas de bronce de las vencedoras en el templo de Hera en Elis, así como la aportación documental de Pausanias demuestra la existencia de los Juegos Hereos. Obviamente, todas esas ganadoras eran espartanas, como Cinisca. Ahora bien, al principio decíamos que los triunfos de ésta fueron en los Juegos Olímpicos, no en los Hereos. Ello se debe a la libertad de que gozaban las espartanas y la peculiar forma de entender la atribución de las victorias.
Cinisca nació en torno al año 442 a.C., heredando el apodo de su abuelo Zeuxidamo, conocido como Cinisco, de origen dórico; así, el nombre de la nieta podría traducirse como «cachorro hembra», algo derivado acaso de la afición cinegética familiar o a la crianza de perros de caza a que era aficionada la dinastía. Era hija del rey euripóntida Arquidamo II y su esposa Eupolia; por tanto, tuvo como hermano a Agesilao II y como hermanastro a Agis II, que sucederían a su padre en el trono (la monarquía espartana era bicéfala).
Se trataba, por tanto, de una chica de la élite social que al no tener negocio podía dedicarse al ocio; es decir, no necesitaba trabajar -los ilotas se encargaban de eso- y, tras haber pasado la correspondiente etapa educativa -con ejercicios físicos, como vimos, entre ellos el tradicional en su casa de la caza-, dedicó el tiempo a la gran afición que la sedujo desde la infancia: las carreras de carros. Hubiera sido imposible de haber nacido en Atenas, por ejemplo, ya que allí tendría prohibido algo que sí podía hacer como espartana: criar caballos y formar equipos. Esto último es importante, pues Cinisca no forjó su fama como auriga sino como entrenadora y propietaria.
Las mujeres seguían privadas de la potestad de correr, lanzar, saltar y luchar en los juegos, pero sí podían concursar en deportes ecuestres -al menos las espartanas- siempre que no lo hicieran personalmente. Y dado que antaño, al contrario que ahora, los preparadores sí eran premiados, Cinisca tuvo ocasión de sumarse a ese grupo de estefanistas (galardonados con una corona de laurel).
Tal fue la fama que alcanzó que se le erigió un heroon (santuario honorífico, generalmente ubicado en la tumba del personaje conmemorado) cerca de los Platanistas, el campo de ejercicio de los jóvenes espartanos masculinos (llamado así por los platanares que lo circundaban), lo que indicaría que concitó también la admiración masculina.
PITTSBURGH — Incluso antes de que comenzara el verdadero entusiasmo y se empezara a hablar de Paul Skenes como un prospecto potencialmente generacional, Tre’ Morgan sabía que el lanzador derecho era algo especial. Después de enfrentarse a él en la Universidad Estatal de Luisiana el año pasado, Morgan pensó en su compañero de equipo universitario: “Éste es el mejor lanzador que he visto en toda mi vida”.
“Sabía que era el mejor de todos”, le dijo Morgan al reportero de los Rays de MLB.com, Adam Berry. “Todos en el equipo sabían que era el más ‘nasty’. Ahora, todo el mundo sabe que es el mejor”.
Ahora, todo el mundo del béisbol va a conocer formalmente a Skenes. Menos de un año después de ser seleccionado como la primera elección en el Draft de MLB del 2023 — 364 días, para ser exacto — Skenes será reconocido como uno de los grandes lanzadores del juego.
Skenes y el jardinero Bryan Reynolds fueron nombrados el domingo como parte del roster de la Liga Nacional para el Juego de Estrellas. Es el segundo llamado para Reynolds – el otro fue cuando inició en el jardín central en 2021– y el primero para el novato Skenes, quien ni siquiera tenía en su radar la posibilidad de lanzar en el Clásico de Media Temporada cuando comenzó el 2024.
“Obviamente, comenzando el año en Triple-A, las probabilidades de ir al Juego de Estrellas de las Grandes Ligas son bastante bajas, así que no era uno de mis objetivos ni expectativas para esta temporada”, confesó Skenes. “Es un enorme honor poder hacerlo, después de jugar un corto tiempo en las Grandes Ligas”
Skenes es el primer lanzador novato de los Piratas en asistir al Juego de Estrellas y el primer novato de Pittsburgh en recibir el honor desde Tony Womack en 1997.
Apenas ha hecho 10 aperturas en las Mayores después de iniciar la temporada en las menores, pero sus resultados han sido sobresalientes. Entre los serpentineros con al menos 50 entradas lanzadas este año, Skenes se ubicaba segundo en efectividad (2.12), tercero en tasa de ponches (33.6%) y tercero en tasa de ponches menos boletos (28.4%). Tiene récord de 5-0 con 78 ponches en 59,1 entradas.
“Aún espero hacer algo más genial que ser seleccionado para el Juego de Estrellas”, dijo Skenes con una sonrisa.
Para Skenes, la última pregunta pendiente es si será el abredor por la Liga Nacional. Su última apertura de la primera mitad de la campaña será el jueves en Milwaukee, lo que debe de hacerlo disponible para lanzar el siguiente martes 16 en el Globe Life Fiel de Arlington, si el manager de la Liga Nacional, Torey Lovullo, así lo decide .
“Eso sería genial”, reconoció Skenes. “No tengo expectativas. No sé cómo funciona eso ni quién decide ese tipo de cosas, pero definitivamente sería genial”.
Marcelinho Huertas pone fin a más de 30 años de reinado indiscutible de Pablo Laso para convertirse en el flamante máximo asistente histórico de la Liga Endesa. El base, que acumula 2.898 pases de canasta en su carrera, asciende ahora al primer puesto del ranking tras el derbi canario disputado ante el Dreamland Gran Canaria.
Después de 17 temporadas en la competición, el base carioca necesitaba sumar cuatro pases de canasta en esta Jornada 26 para batir el récord ansiado. Ha repartido cinco, además de sumar 20 puntos, con lo que ya tiene en propiedad la triple corona acb: es líder asistente en Liga Endesa (2.898), Copa del Rey (160) y Supercopa Endesa (69). Tres de tres.
El primer puesto del ranking liguero parecía totalmente inalcanzable cuando Pablo Laso fijó la marca a batir en un total de 2.896 asistencias el día de su retirada, el 17 de mayo de 2003. Entonces, el base vitoriano era el único jugador por encima de la barrera. de las 2.000. Luego la superaron tanto Nacho Azofra (2.224), Albert Oliver (2.074) como Nacho Rodríguez (2.032), pero los tres se quedaron bastante lejos del récord. El elegido era otro: Marcelo Tieppo Huertas.